Fair Trade, etiquetado ético & consumo responsable

 

80% del café que se consume en el mundo lo producen 25 millones de pequeños agricultores.  El algodón es la cosecha comercial más antigua de la humanidad y fuente de trabajo de 300 millones de personas en el planeta.  El banano es el principal producto de exportación no petrolero del Ecuador y fuente de trabajo directo e indirecto de más de 2 millones de ecuatorianos.

Pero los pequeños productores de café, los  pequeños productores de algodón, las operarias chinas o indias de los despepitadores de algodón, los pequeños productores ecuatorianos de banano, los pequeños productores de cacao -o de té, flores, oro, azúcar, vino sudafricano, canela de Burkina Faso, vainilla de Madagascar, aceite de coco, miel, o especies-  no han podido superar niveles de pobreza ni tienen acceso decente a servicios básicos.

Más del 60% de los balones de fútbol que se comercializan en el mundo son cosidos a mano, en condiciones precarias, en la región de Sialkot al norte de Pakistán.

Un trabajador en una plantación de flores en Kenia gana menos de $ 1 al día.

El café representa el 90% de las exportaciones de Burundi, uno de los países más pobres del mundo con un PIB de $ 3.094 mil millones al 2014 según el Banco Mundial.

La industrialización y comercialización de los productos está en pocas manos.  La producción, en muchas.  Este modelo no es sostenible, ¿O si? 

No me entiendan mal.  Soy pro empresa privada, pro libertad de comercio; sin embargo… El bien común es responsabilidad del Gobierno, de los negocios y de los ciudadanos.  Debemos alinear los objetivos de los gobiernos con los objetivos empresariales y los objetivos de los consumidores.   De eso se trata el trabajar por el bien común. 

Para los gobiernos significa crear las condiciones para que las empresas sean rentables social, ambiental y económicamente -creando alianzas sólidas-; y definir políticas públicas claras.  Por ejemplo en temas como alimentación o bebidas alcohólicas.    ¿Hablo de más intervención estatal o más impuestos? Respondo con dos ejemplos:  Los impuestos nutricionales  como el fat tax en Dinamarca no funcionó.  El acuerdo público – privado en Inglaterra para reducir el nivel de alcohol en cervezas y spirits superó los objetivos planteados inicialmente y en menos tiempo del previsto.  Lo que la sociedad necesita no es necesariamente lo que la gente quiere. 

Para las empresas no es cuestión de responsabilidad social empresarial,  es cuestión de hacer el bien por sí.  Hace pocos meses una empresa tabacalera patrocinó con poco más de $ 2 millones una causa en contra de la violencia femenina.  Y luego invirtió poco más de $ 100 millones en la comunicación de la inversión social. 

Se trata de generar peer pressure a través la responsabilidad colectiva.  Donde el trato equitativo, el comercio justo, el pago de salarios reales, el acceso de los pequeños productores a los mercados, el etiquetado ético -como el semáforo en los productos alimenticios en Ecuador- debe ser responsabilidad compartida.  El problema es que la responsabilidad colectiva es un acto voluntario… pero aquellas empresas que incorporan la gobernanza corporativa y las responsabilidades social y ambiental en su ADN pagan mejores dividendos.

Se trata de añadir valor.  Pero añadir valor para el negocio, la sociedad y el planeta. De enfocar la innovación empresarial en la necesidades colectivas.  De enfocar el consenso en el punto de partido y no en los resultados finales.  ¿Tenemos un problema como sociedad? Trabajemos en ello.

Dejé para el final a los ciudadanos.  La sociedad civil interviniendo desde la co-creación de procesos y oferta (de productos y servicios) hasta la presión social para las decisiones de bien público.  Pero sobretodo, consumiendo responsablemente.  ¿El problema? Que todo induce a consumir más.  Los sesgos humanos naturales -como la ilusión negativa o el anclaje semántico-, la cognición, las promociones empresariales, el desarrollo de nuevos productos, están diseñados para consumir más.

El autoservicio que vende productos con semáforo de grasas, sales y azúcares, en porciones cada vez más grandes, es el mismo autoservicio que vende pastillas para adelgazar. 

Cada decisión de consumo es una oportunidad para hacer una diferencia en favor del combate a la pobreza, la disminución de la iniquidad y el cuidado al planeta. 

Cada decisión de consumo es un mensaje al gobierno sobre sus políticas públicas. 

Cada decisión de consumo es una demostración de poder a las empresas. 

Cada decisión de consumo es una bifurcación en la vía: ¿compro o no compro?


 

Esta es una colaboración de Andrés Seminario que reproducimos por la pertinencia de su contenido.

El artículo original fue publicado en la revista EKOS: http://www.ekosnegocios.com/revista/pdfTemas/1401.pdf

 

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Fuentes:  Banco Mundial, Institute of Economic Affairs, ProEcuador, FairTrade of America, Behaviour Change Seminar – ESRC – Bristol University

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